—Él te ama más que a su vida —me dijo la anciana, acariciando mi cabello—. Sacrificó su vida para que tú tuvieras una.
Esa noche no volví a mi casa. Nunca volví.
Con la ayuda de Doña Chayo, tomé el dinero, tomé a mi hija y me fui. Me mudé al sur, a un pueblo pequeño frente al mar donde nadie nos conoce.
Javier está en la cárcel, sentenciado por intento de homicidio y conspiración. Nunca le envié el divorcio; simplemente dejé de existir para él.
A veces, cuando el teléfono suena de un número desconocido, mi corazón da un vuelco.
A veces, siento que alguien me observa cuando camino por la playa. Pero ya no siento miedo.
Sé que no son fantasmas.
Sé que es él. Mi ángel guardián. El hombre que murió para que yo pudiera vivir.
Si alguna vez tu instinto te dice que no abras una puerta, o si una anciana extraña te da una advertencia… escucha. No ignores las señales. El mundo es más oscuro de lo que parece, pero también hay amores que son capaces de romper la barrera de la muerte para protegerte.