Cuando la jueza me pidió declarar, sentí un nudo en la garganta. Pero hablé. Conté la verdad. Todo. Mi voz tembló al principio, pero luego se hizo firme. Gustav intentó interrumpir, pero la jueza lo mandó callar. Fue la primera vez que vi a alguien ponerle un límite.
Al final de la audiencia, la jueza aprobó la orden de restricción y fijó una investigación formal por agresión. Yo respiré hondo. No gané una batalla… gané mi primer paso hacia la vida que nunca pensé tener.
Hoy sigo en terapia, estudiando, construyendo algo que por fin siento que es mío. Y cada vez que recuerdo aquella noche en el hospital, no pienso en el golpe… pienso en las sirenas. En el sonido de alguien viniendo por mí.