Mi hijo estaba en casa. Yo estaba en casa. Y por primera vez en mi vida adulta, el futuro no parecía una larga carretera solitaria, sino un camino compartido, brillante y lleno de luz.
—Feliz Navidad, Marcos —susurré, cerrando los ojos, completamente en paz.
—Feliz Navidad, mamá. Bienvenida a casa.