Sabía una cosa: el Ártico jamás abandonó a quienes han tocado sus secretos. Y aunque había vuelto entre la gente, una parte de él permaneció allí para siempre, en el vacío donde pasado, presente y futuro se fundían en uno, y donde misteriosos observadores seguían vigilando, esperando nuevos viajeros.
Alexey comprendió que su supervivencia no fue casualidad. Y quizás por eso sentí una extraña calma. Había regresado a casa, pero el Ártico siempre estaba ahí, en cada sombra, en cada silbido del viento, un recordatorio: el mundo está lleno de misterios que desafían toda explicación, ya veces es mejor simplemente seguir adelante, escuchando a Tu corazon ya tu propia mente.