La primavera en Murmansk siempre llega con una brusquedad inesperada.

 

 

Corrió siguiendo la voz y vio la estación, completamente cubierta de nieve, pero con una única luz ardiente brillando desde una ventana. Alguien o algo se movía dentro. Alexey entró y se encontró en un pasillo cuyas paredes estaban cubiertas de extraños símbolos y el aire vibraba de tensión.

Una figura se alzaba en el centro. ¿Humana? probablemente no. Pero la voz que había estado oyendo todo este tiempo provenía de allí. Alexey comprendió la terrible verdad: el tiempo y el espacio se entrelazaban allí. Pasado, presente y futuro se fundían en un solo punto, y quienes habían desaparecido décadas atrás estaban aquí, entre mundos.

La figura habló, y la voz era al mismo tiempo familiar y extraña:

"Alexey... no lo entiendes... no estamos ni vivos ni muertos... estamos aquí para observar... pero puedes irte. Vete ahora, o seguirás siendo parte del hielo para siempre."

El corazón de Alexey latía con fuerza, pero su decisión era clara. Recordó las palabras de su viejo diario: “No confíes en el tiempo”. No podía quedarme allí, no podía intentar comprenderlo todo. Tenía que sobrevivir y volver a casa.

Corrió hacia la salida, el hielo agrietándose como si intentara detenerlo. El viento le rasgaba la ropa, la nieve lo cegaba, pero una voz interior lo impulsaba. Y entonces, un crujido, como un martillazo, y el mundo a su alrededor se congeló. Alexey comprendió: el tiempo se había comprimido de nuevo, y un paso en falso y quedaría atrapado allí para siempre.

Con un último esfuerzo, saltó por la grieta, sintiendo el hielo temblar bajo sus pies. El mundo a su alrededor cambió y despertó en la familiar cubierta del pesquero. Todo seguía igual, pero la tormenta había pasado. El Severomorets-12 se movía lentamente por el agua, y la tripulación parecía no percatarse de la desaparición de Alexei.

 

 

⬇️Para obtener más información, continúa en la página siguiente⬇️

Leave a Comment