Esa noche
Llegamos a casa.
Todo parecía normal.
Mi hijo estaba extraño.
Mi nuera… demasiado amable.
—Papá, ¿por qué no descansas hoy? —dijo ella—. Nosotros nos encargamos de todo.
Eso nunca pasaba.
Nunca.
Observé en silencio.
La caja
A la mañana siguiente, abrí la puerta trasera.
Y ahí estaba.
Una caja.
Grande.
Pesada.
Exactamente donde la mujer dijo.
Sentí un escalofrío.
“no toques la caja…”
Mi corazón latía fuerte.
Pero la curiosidad…
fue más fuerte.