Silas asintió.
—Porque alguien creyó que yo lo merecía.
Sin anillos. Sin romance forzado por el destino. Solo gratitud, amistad y la oportunidad de construir algo real.
Janette salió de la mansión con la cabeza en alto. La verdad no solo la liberó. Salvó una vida. Cambió un futuro.
Mientras el trueno rodaba suavemente en el horizonte, Silas la vio alejarse y susurró:
—Que el mundo te trate con la misma bondad con la que tú me trataste a mí.
A veces, las personas más valientes son aquellas que el mundo nunca esperaba que importaran. A veces, las manos más humildes tienen el poder de cambiar destinos. Y a veces, la lealtad se encuentra barriendo pisos… y no brindando con champán.