Mientras preparaba desayuno escuchó chirrido metálico extraño proveniente del techo algo así como mecanismo moviéndose lentamente
Subió al ático hallando cajas polvorientas desplazadas formando sendero que conducía hacia compuerta oculta detrás de chimenea sellada.
Forzó la compuerta descubriendo habitación secreta con pantallas mostrando cada rincón de la mansión y micrófonos conectados al sistema.
En una mesa central vio varias grabadoras idénticas a la encontrada en el cabello del niño claramente listas para uso continuo.
Una libreta contenía notas detallando reacciones emocionales del niño registradas como si fuera parte de experimento psicológico clandestino.
Ava retrocedió horrorizada al comprender que alguien estudiaba al niño midiendo cada grito cada movimiento cada patrón conductual.
Repentinamente escuchó pasos subiendo la escalera obligándola a esconderse detrás de mueble viejo mientras la puerta se abría.
Una figura trajeada revisó pantallas tomando notas antes de ajustar cámaras como si sospechara interferencia reciente.
Cuando la figura salió Ava escapó rápidamente bajando las escaleras decidida a proteger al niño sin importar riesgos inmediatos.
Esa tarde notó comportamiento extraño del padre quien evitó mirarla directamente actuando nervioso como si su secreto estuviera comprometido.
Ella decidió recuperar más pruebas desactivando discretamente varias cámaras pequeñas para retrasar monitoreo anticipando reacción del responsable.
El padre convocó reunión urgente alegando fallas técnicas pero su discurso reveló sospecha acusatoria directa hacia empleados.
Ava fingió desconocimiento mientras evaluaba rutas de escape temporales para sacar al niño de la propiedad sin levantar alarma.