Esa noche preparó mochila pequeña para él con agua ropa ligera y linterna escondida bajo su cama de madera.
Antes de dormir el niño preguntó con voz temblorosa si hoy también lo escucharían desde las sombras como siempre ocurría.
Ava respondió que no lo permitiría más y que pronto estarían lejos donde nadie pudiera vigilarlo jamás otra vez.
Al amanecer descubrió guardias adicionales custodiando pasillos complicando su plan obligándola a esperar oportunidad más segura.
Mientras servía el desayuno observó al padre recibiendo paquete pequeño idéntico en tamaño a nuevo dispositivo de vigilancia.
Él subió rápidamente a la habitación del niño lo que alarmó a Ava a seguirlo silenciosamente sin dejar rastro.
Desde la puerta entreabierta lo vio remover mechón de cabello buscando reinstalar un dispositivo mientras murmuraba cifras matemáticas.
Ava entró abruptamente fingiendo necesidad de cambiar sábanas logrando distraerlo mientras escondía el paquete bajo alfombra momentáneamente.
El padre salió irritado sin notar su acción permitiéndole examinar objeto descubriendo circuito avanzado capaz de transmitir frecuencia ampliada.
Comprendió que vigilancia escalaba peligrosamente hacia nueva fase quizá destinada a inducir respuestas fisiológicas monitorizadas remotamente.
El niño lloró cuando ella explicó que debían irse pronto pues su vida corría peligro elevado cada minuto bajo ese techo.
Ava ideó plan nocturno utilizando apagón temporal generado por sobrecargar interruptor principal manipulado discretamente.
Durante apagón ella tomó al niño en brazos cruzando pasillo oscuro mientras alarmas parpadeaban intentando reiniciar sistemas.