—Sí. Y me equivoqué. No fue justo. Pero gracias a eso sé, sin duda, que tu amor es real.
Bruna se apartó, con lágrimas en los ojos.
—Entiendo que tengas miedo, Lucas —dijo—. Pero confiar también es elegir. Y tú elegiste no confiar en mí.
Él se acercó despacio.
—No merezco tu perdón —admitió—. Pero voy a pasar la vida entera demostrando que confío en ti, si me das la oportunidad.
Bruna lo miró largo rato. En sus ojos había dolor… y cariño.
—Te perdono —dijo al fin—. Pero prométeme una cosa: nunca más vuelvas a probar mi amor.
—Nunca más —juró él.
Poco tiempo después, Lucas llevó a Bruna a la casa de Ana.
—Quiero presentarte oficialmente a mi madre —dijo, sonriendo.
Bruna se quedó helada cuando vio a Ana abrir la puerta.
—¿La… “empleada”? —balbuceó.
Ana soltó una risa suave.