—Soy muchas cosas, hija —sonrió—. Fui la “dita” por un tiempo, sí… pero antes que nada soy la mamá de este testarudo.
Bruna se tapó la cara, avergonzada.
—No lo puedo creer…
—Lo único que importa —dijo Ana, tomando sus manos— es que me trataste con respeto cuando creías que no era nadie. Eso habla más de ti que cualquier título o vestido. ¿Vas a quedarte a nuestro lado?
Bruna la miró, emocionada.
—Si me dejan… sí.
—¿Qué esperas, Lucas? —rió Ana—. No la vayas a dejar escapar tú ahora.
Lucas respiró hondo, se arrodilló ahí mismo, en la sala sencilla donde Ana había llorado tantas noches.
—Bruna —dijo, sacando un anillo—. Gracias por quedarte cuando todos se fueron. Gracias por amar al hombre, no al dinero. ¿Quieres casarte conmigo?
Bruna rompió a llorar, riendo al mismo tiempo.
—Sí, Lucas. Claro que sí.
Ana los rodeó con los brazos, temblando de emoción.