Ana se interpuso.
—El amor no necesita trampas —dijo con calma—. El amor no se construye sobre una mentira.
Lucas respiró hondo, con los puños apretados.
—Recoge tus cosas, Julia —dijo—. Te vas de esta casa hoy mismo.
Ella intentó aferrarse a su brazo, pero él se soltó. Llamó a los guardias, que la acompañaron hasta la salida mientras sus sollozos llenaban el pasillo.
Cuando la puerta se cerró, Lucas se dejó caer en un sillón. Ana se sentó a su lado.
—Perdóname por todo esto, hijo —dijo—. Sé que duele.
Él apoyó la cabeza en el hombro de ella, como cuando era niño.
—Gracias, mamá —susurró—. No sé qué habría sido de mí sin ti.
Las semanas siguientes fueron difíciles. La traición de Julia dejó cicatrices profundas. Lucas empezó a desconfiar de todos… incluso de Bruna.
—¿Y si también está aquí por interés? —confesó una noche a su madre.
—Bruna ya te demostró quién es cuando ni sabía que yo era tu madre —le recordó Ana—. Pero si necesitas estar seguro… hay otra manera.
El siguiente plan fue más simple y más cruel: Lucas anunció que su empresa estaba en bancarrota, que había perdido casi todo. Un correo interno, llamadas filtradas… en pocos días, los “amigos” desaparecieron. Hasta Thiago, su socio de años, dejó de contestar.