Él sonrió con tristeza.
—Porque cree que nadie debería enamorarse de mí.
—¿Por qué?
Miró a los niños.
Luego volvió a mirarme.
—Porque piensa que una parte de mí sigue viviendo en el pasado.
El silencio se hizo eterno.
Finalmente respondí:
—Tal vez.
—Tal vez.
—Pero la otra parte vino a cenar conmigo esta noche.
Por primera vez desde que lo conocí, sonrió de verdad.
Y fue en ese momento cuando comprendí algo.
No había seguido a un hombre sospechoso.
No había descubierto una mentira.
Había descubierto una historia de amor que aún dolía.
Y quizás…
el comienzo de otra que todavía no había sido escrita.