4. Tirá la leche y lavá la sartén
Una vez que pasaron los 5 minutos, dejá enfriar un poco, desechá la leche y lavá la sartén con agua tibia y esponja suave, sin detergentes abrasivos. No es necesario frotar fuerte. Asegurate de que no quede olor a leche.
Consejo extra: si no querés tirar la leche, podés usarla para limpiar y neutralizar olores en la heladera.
5. Hacé la prueba final
Secá bien la sartén y probá cocinar un huevo sin aceite o con apenas unas gotas. Si no se pega y se puede dar vuelta fácil, la película de caseína funcionó y recuperaste la función antiadherente.
¿Cada cuánto se puede repetir?
Podés aplicar este método una vez por semana o cada 10 días, dependiendo del uso que le des a la sartén. También es ideal para sartenes que usás esporádicamente y que querés mantener en buenas condiciones.
Alternativas caseras si no tenés leche
Si no querés usar leche, existen otras soluciones naturales que pueden ayudar:
-
Aceite y sal gruesa: calentá la sartén con un poco de aceite y sal gruesa, y frotá suavemente. Ayuda a remover residuos y mejorar el deslizamiento.
-
Vinagre y bicarbonato: una mezcla útil para limpiar restos pegados y desinfectar, aunque no restaura la antiadherencia.
-
Cera de abejas alimentaria (menos común): se usa para crear una capa natural sobre hierro o acero, pero no es apta para teflón.
Cuidados para que tu sartén dure más