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Nunca uses utensilios metálicos: siempre usá espátulas de madera, silicona o plástico resistente al calor.
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No la laves en caliente: esperá a que enfríe antes de lavarla, así evitás que se deforme.
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No la friegues con esponjas abrasivas ni virulana.
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Cociná con fuego bajo o medio. El calor excesivo deteriora el antiadherente.
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No la uses para guardar comida cocida ni la dejes mojada.
¿Cuándo hay que cambiarla?
Este método funciona mientras el antiadherente esté gastado pero no roto. Si ya ves rayaduras profundas, desprendimiento del teflón o zonas que se pelan, lo mejor es reemplazar la sartén.
Cocinar sobre una superficie dañada puede liberar sustancias tóxicas, especialmente si la sartén fue fabricada con teflón antiguo. En esos casos, no conviene seguir usándola ni intentar repararla.
Conclusión
Restaurar tu sartén con leche es una solución natural, económica y efectiva para esos utensilios que empezaron a perder su antiadherente pero todavía no están rotos. Es ideal para darle una segunda vida a tus sartenes y evitar cocinar con frustración.
Con solo un poco de leche y unos minutos de tu tiempo, podés volver a disfrutar de un huevo que no se pega, panqueques que se deslizan solos y una sartén más fácil de limpiar.