—Ven a ayudarme con estas ramas —dije, esquivando como siempre, aunque ya tenía leña de sobra.
Se agachó a mi lado, recogiendo las ramitas con sus delgados brazos.
El papá de Duc vino hoy a la feria escolar. Y el papá de Lan le trajo una mochila nueva. Y el padre de Tuan…
—Lo sé —interrumpí suavemente—. Sé que otros niños tienen padres.
—¿Y dónde está el mío?
Diez años. Había pasado una década desde que mi mundo se derrumbó, y aún no tenía una respuesta que no le rompiera el corazón tanto como el mío.
—Tu padre… —empecé, y luego guardé silencio. ¿Cómo podía explicarle a un hombre que desapareció antes de que nacieras? ¿Cómo podía darle sentido a algo que nunca lo tuvo?
—Tu padre te quería mucho —dije finalmente, como tantas veces había repetido—. Pero tuvo que irse.
—¿Cuándo va a volver?
—No lo sé, mi amor. No lo sé.
### El comienzo de todo
Tenía veintidós años cuando conocí a Thanh. Pasó el verano en el pueblo con su tía, que había venido de la ciudad, y todo en él parecía increíblemente sofisticado comparado con los chicos del lugar. Siempre vestía ropa limpia, olía a detergente caro. Un reloj que funcionaba de verdad. Una forma de hablar de un mundo mucho más grande que los diez kilómetros cuadrados que conformaban toda mi existencia.