Esa distintiva escritura inclinada fue utilizada para escribir mi nombre completo.
¡Su caligrafía!
¡Juro que mi respiración se detuvo!
¡Su caligrafía!
Rodeado de adornos rotos y coronas falsas, me senté en el suelo y lo desenvolví con manos temblorosas.
La fecha es diciembre de 1991.
Se me encogió el pecho. Algo dentro de mí explotó al leer las primeras frases.
Esta era una carta que nunca había visto antes. Nunca.
Al principio creí que lo había perdido. Sin embargo, cuando lo volví a mirar, el sobre estaba abierto y cerrado.
Mi pecho empezó a hacerse un nudo.
Mi pecho se oprimió.
Había sólo una razón.
Brezo.
No tengo ni idea de cuándo lo descubrió ni por qué me lo ocultó. Durante una de sus purgas, quizá lo notó. O creía que defendía nuestro sindicato. Quizás después de todos estos años, simplemente no supo cómo decirme que lo tenía.
Ahora da igual. Sin embargo, el paquete estaba escondido en el estante trasero del ático, dentro del anuario. Tampoco lo toqué.
Ahora ya no hay diferencia
Seguí leyendo.
Sue escribió que mi última carta acababa de llegarle. No sabía que hubiera intentado contactarla porque sus padres se la habían ocultado guardándola entre documentos viejos. Le informaron que la había llamado y le había pedido que se fuera.