Y me había mentido.
Nadie me vio al principio.
El restaurante continuó funcionando como si nada hubiera ocurrido.
Las copas chocaban.
La gente reía.
Las conversaciones seguían.
Y yo comprendí algo doloroso.
El mundo no se detiene cuando te rompen el corazón.
No caminé hacia ellos.
No hice una escena.
No pedí explicaciones.
Porque, en el fondo, ya conocía la respuesta.
Aquella cena no era el problema.
El problema era todo lo que representaba.
El momento de enfrentar la realidad
Me senté en mi mesa junto a la ventana.
Minutos después Daniel levantó la vista y me vio.
Su rostro cambió de inmediato.
Lucía siguió su mirada.
Luego Teresa.
Nadie se levantó enseguida.