Y ese pequeño detalle me dijo más que cualquier disculpa.
El camarero apareció con un pequeño postre y una vela encendida.
Feliz cumpleaños, señora Carmen.
Le agradecí con una sonrisa sincera.
A veces los extraños nos ofrecen la consideración que la familia olvida.
Finalmente Daniel se acercó.
—Mamá… no sabía que vendrías aquí.
Lo observé en silencio.
—Yo tampoco sabía que vendrías tú.
Intentó justificarse.
Dijo que la cena había sido organizada hacía días para Teresa.
Que pensaba llamarme después.
Que quería compensarlo durante el fin de semana.
Pero algo dentro de mí ya había despertado.
—Daniel, no me duele esta cena. Lo que me duele es haber tenido que preguntarte si querías verme en mi cumpleaños.
No respondió.
Bajó la mirada.
Por primera vez parecía comprender el peso de sus decisiones.
El sobre blanco
Metí la mano en mi bolso y saqué un sobre blanco.
Daniel lo reconoció de inmediato.