Durante tres meses, nadie en el banco supo su nombre. No charlaba, no se quejaba, nunca pedía ayuda. Simplemente… estaba allí.
Una silueta discreta con un jersey de cuello alto y un pañuelo, deslizándose silenciosamente por los vestíbulos de mármol, borrando sin ruido el desorden del día. Hacía brillar los suelos hasta dejarlos como espejos, borraba las huellas dactilares del metal y dejaba tras de sí un ligero aroma a limón y aire fresco. El banco relucía después de su paso; no con una limpieza fría, sino con una calidez tranquila, como si a alguien realmente le importara el lugar.
La mayoría de los empleados la ignoraban. Algunos, a sus espaldas, se mostraban crueles. «Da grima que no hable nunca». «Quizás no es del todo normal…». Y, sin embargo, ella trabajaba. En silencio. Con esmero.
En la nómina, su nombre era Aleptina. Rara vez pronunciado. Nadie preguntó de dónde venía ni cuál era su historia. Ella tampoco decía nada.
Lo que ignoraban era que ella había tenido una voz —hermosa— y una vida llena de promesas. Años atrás, se llamaba Alia. Una joven maestra apasionada por los niños, amante de la pintura. Su vida era modesta pero plena, hasta aquella noche en que todo cambió.
Era una tarde de junio, suave y lánguida. Alia acababa de terminar una acuarela de unas lilas en flor cuando el olor a humo invadió su apartamento. Al principio creyó que era un vecino que cocinaba. Luego resonaron los gritos.
Voces aterrasas en el hueco de la escalera, el aire saturado de pánico y humo. Se había declarado un incendio en el apartamento de enfrente, donde vivía un niño llamado Lesha con sus padres.
Sin pensarlo, Alia agarró la caja de herramientas de su padre y forzó la puerta. Las llamas lamían las paredes, el humo quemaba la garganta. Dentro, Lesha y su madre yacían inconscientes.
Tomó al niño en brazos, luchó a través del calor sofocante hasta la ventana. El pasillo era intransitable. Abajo, los bomberos gritaban, sosteniendo una red de salvamento. Con manos temblorosas, pasó a Lesha por la ventana. Luego, vencida por el calor, se desplomó y fue sacada justo un tiempo de entre las llamas.