Así pasaron semanas, meses, años. Y aunque papá ya no estaba físicamente con nosotros, su presencia se sentía en cada paso, en cada susurro, en cada mirada de Lily. Ella creció, pero nunca perdió la capacidad de sentir que le fue otorgada esa noche.
Me di cuenta de que esa noche lo cambió todo. Nos mostró que el amor y el recuerdo son más fuertes que el miedo, más fuertes que el tiempo. Y Lily se convirtió en la guardiana de este conocimiento, la que conectó...