El Huevo del Diablo

 

 

 

En la superficie interior de esos brazos se encuentra la gleba, una masa oscura y maloliente que contiene las esporas. Y aquí está el truco evolutivo más inteligente y más desagradable de este organismo: el olor.

El Engaño Perfecto

La mayoría de los hongos dispersan sus esporas a través del viento o del agua. El Clathrus archeri eligió una estrategia diferente y considerablemente más audaz: huele a carne en putrefacción para atraer moscas y otros insectos carroñeros.

El olor no es una consecuencia accidental de su composición química. Es una herramienta. Una trampa sofisticada que el hongo ha desarrollado a lo largo de millones de años de evolución para reclutar a sus propios dispersores de esporas sin pagarles nada a cambio.

Las moscas, atraídas por el olor que su sistema olfativo asocia con alimento o con un lugar para depositar huevos, aterrizan sobre la gleba. Se impregnan de esporas. Luego vuelan a otro lugar, y con ellas viajan las esporas que eventualmente caerán en otro suelo, germinarán y comenzarán el ciclo de nuevo.

El resultado para el observador humano es una experiencia sensorial profundamente desconcertante: algo que visualmente parece sacado de una película de ciencia ficción y que huele, sin exageración, a un animal muerto. El cerebro humano no tiene una categoría preexistente para procesar esa combinación, lo que explica el impacto inmediato y visceral que produce encontrarlo sin esperarlo.

¿Es Peligroso?

La pregunta que cualquier persona se haría al encontrar algo así en su jardín.

La respuesta corta es no. El Clathrus archeri no es tóxico en el sentido de que su contacto no causa daño. No es venenoso para las mascotas que pudieran olerlo o tocarlo. No libera esporas dañinas para los pulmones. No contamina el suelo de ninguna manera negativa.

 

 

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