Etapa 1. Presentación sin invitación
Vera se quedó en el pasillo como si hubiera entrado no en su casa, sino en la vida de otra persona. Su vida no debería haber incluido zapatos de desconocidos junto al felpudo, el aroma de colonia ajena ni esa voz seria que hablaba con calma de qué y dónde "bajar".
Raisa Ivanovna adoptó rápidamente el tono de una anfitriona: familiar, docente, autoritario.
—Vera, ¿qué haces ahí parada? Pasa. Solo estamos aquí cinco minutos. Oleg Viktorovich está muy ocupado.
El hombre de la chaqueta de cuero tosió y volvió la mirada hacia las paredes, como si Vera solo fuera un mueble. Y eso fue lo más humillante: ambos actuaron como si el asunto estuviera zanjado, y ella era la última en tener que dar explicaciones.
Vera se acercó lentamente.
—Dijiste que el dueño acepta un trato rápido . —Miró solo a Raisa Ivanovna—. ¿Y quién es nuestro dueño?
La suegra forzó una sonrisa, esa misma sonrisa de “todo está bien” que usaba para tapar las conversaciones más sucias.
—No empieces. Ya eres mayorcita. Ignat me lo explicó todo.
"Ignat no me explicó nada", dijo Vera con serenidad. "Y, de nuevo: ¿quién es el dueño?"
Raisa Ivanovna suspiró ruidosamente, como si estuviera en una reunión de padres y maestros.
—Vera, somos familia. Propiedad de la familia... Oye, ¿qué te pasa, delante de desconocidos?
Vera se volvió hacia el hombre.
Oleg Viktorovich, aclarémoslo: ¿de dónde eres? ¿Quién te dio acceso al apartamento?
Frunció el ceño, claramente no le gustaban las aclaraciones.
—El agente inmobiliario me llamó. Dijo que el dueño había acordado una venta rápida. Dijo que los documentos estaban listos. Vine a echar un vistazo.
— ¿Quién es el agente inmobiliario? ¿Su apellido?