—Marta… mi hijo murió.
Ella respondió:
—¿Lo viste tú?
No.
Nunca lo vi.
La investigación (que llevó semanas)
Llamé a un viejo amigo, Raúl, ex detective.
Durante las semanas siguientes revisamos grabaciones del edificio.
Y en una de ellas apareció.
Un hombre subiendo la escalera, cojeando igual que Gabriel.
Entró con llave.
Sin mirar atrás.
El dinero
Raúl investigó los movimientos financieros durante varios días más.
Lorena no solo recibía mis 800.
Cada mes entraban también 1.500 dólares desde una empresa fantasma.
No trabajaba.
No necesitaba mi dinero.
Mis pagos no eran ayuda.
Eran control.
La urna
Esa noche abrimos la urna.
No había restos humanos.