Dónde están tus muertos ahora: médico revela la dimensión astral.

 

 

 

AWARE II, publicado en la revista Resuscitation en 2023, fue aún más sofisticado. El equipo utilizó iPads sincronizados con dispositivos de monitorización cerebral colocados en los pacientes durante la reanimación cardiopulmonar, midiendo la saturación de oxígeno cerebral y realizando electroencefalogramas en tiempo real. Los resultados fueron desconcertantes para la neurología convencional: casi el 40% de los pacientes mostró actividad cerebral que regresaba a parámetros normales o casi normales incluso una hora después de iniciada la reanimación. Los electroencefalogramas registraron picos en ondas gamma, delta, theta, alfa y beta: las mismas asociadas con la función mental superior, con el procesamiento de información compleja, con el pensamiento consciente.

Parnia propuso algo que, viniendo de un médico de una escuela de medicina de primer nivel mundial, resulta revolucionario: que el cerebro funciona como un filtro de la conciencia, no como su generador. Cuando ese filtro se apaga, en lugar de extinguirse la conciencia, esta quedaría liberada para acceder a dimensiones de la realidad que normalmente permanecen bloqueadas.

El neurocirujano de Harvard que cruzó al otro lado

Si hay un caso que hizo temblar los cimientos del escepticismo médico, es el del Dr. Eben Alexander. Neurocirujano de la Universidad de Harvard, Alexander había pasado toda su carrera profesional desmontando las experiencias cercanas a la muerte con argumentos neurofisiológicos. Las conocía bien. Sabía explicarlas. Hasta que en el otoño de 2008 contrajo una meningitis bacteriana fulminante que apagó su neocórtex —la parte específicamente humana del cerebro, responsable del pensamiento consciente, el lenguaje, la percepción— durante siete días completos.

Lo que Alexander experimentó durante ese período, con el neocórtex completamente inactivo verificado por sus propias pruebas médicas, no cabe en ninguna de las explicaciones que él mismo había utilizado para descartarlas. Su caso es único precisamente porque todos los argumentos habituales contra las ECM —que son producto de un córtex en mal funcionamiento, de privación de oxígeno, de efectos de medicamentos, de actividad eléctrica residual— quedan invalidados por su historial clínico.

 

 

 

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