La voz de su abuela resonó en su mente.
El carbón retiene el veneno. Gana tiempo.
Con manos temblorosas, lo mezcló con agua y le dio con cuidado una pequeña cantidad al bebé.
La puerta se abrió de golpe.
León fue arrojado al suelo.
“¿Qué le diste?” gritó un médico.
—Carbón —jadeó León—. ¡Revisen la planta, revisen las toxinas!
Por un momento aterrador, no pasó nada.
Entonces-
“Espera”, dijo una voz tranquila.
Un médico miraba fijamente el monitor.
«Frecuencia cardíaca estabilizándose».
«Oxígeno subiendo».
Poco a poco el color volvió a los labios del bebé.