Ricardo me miró, con los ojos enrojecidos:
—Dame una oportunidad, ¿quieres?
Me incliné hacia adelante, mirándolo a los ojos:
—Una oportunidad es algo que solo se le da a quien sabe valorarla. Y tú no lo haces.
Temblando:
—Te extraño.
Dije suavemente, como un susurro:
—Y yo a ti no.
Me levanté para irme.
Ricardo no me detuvo. Quizás sabía que ya no tenía ese derecho.
Más tarde, mucha gente me preguntó:
“¿Cuántas parejas que se divorcian regresan?”
Siempre respondo con esta frase:
“Volver con quien te traicionó es como intentar pegar un espejo roto. Aunque logres unir las piezas, la grieta siempre estará ahí.”
No me di la vuelta. No me arrepentí. Y nunca lo lamenté.
Porque sé una cosa:
No todos los que se van son los perdedores.
Hay quienes al irse, han ganado.
Y yo soy una de ellas.