No… —susurré—. Esto no puede ser…
Sentí que me faltaba el aire.
Pensé que estaba perdiendo la cordura.
Pero él se movía.
Respiraba.
Existía.
Decidí seguirlo
No lo llamé.
No corrí.
Solo… lo seguí.
Salió del supermercado tranquilo, como si nada.
Subió a un auto.
Esperé.
Tomé un taxi.
Siga ese coche —le dije al conductor, con la voz temblando.
La casa
El auto se detuvo frente a una casa que nunca había visto.
Bajó.
Tocó la puerta.
Y alguien abrió.