En pocos días empecé a despertarme menos. En unas semanas pasé de levantarme tres o cuatro veces a solo una. Y meses después, muchas noches ya dormía de corrido.
El pequeño ejercicio que hago todas las mañanas
También incorporé un hábito muy sencillo.
Cada mañana hago 30 caídas suaves de talones.
Me pongo de pie, subo lentamente sobre la punta de los pies y luego dejo caer los talones al suelo con firmeza, sin brusquedad. Este movimiento activa la circulación de las piernas y ayuda a que la sangre vuelva mejor hacia el corazón.
Toma menos de un minuto.
Pero con el tiempo sentí mis piernas menos pesadas y mis noches mucho más tranquilas.
Lo que cambié en la cena
Otra cosa que descubrí fue el efecto del sodio.
Muchos alimentos salados hacen que el cuerpo retenga líquidos durante el día. Después, cuando te acuestas, todo ese líquido vuelve a circular y termina llenando la vejiga mientras duermes.
Por eso dejé de consumir por las noches:
- Embutidos
- Quesos muy salados
- Snacks procesados
- Sopas instantáneas
- Comidas muy condimentadas
También reduje el alcohol durante la cena y evité beber grandes cantidades de líquido justo antes de acostarme.
No dejé de hidratarme. Solo aprendí a hacerlo mejor durante el día.