Amaranta abrió la puerta sin pedir permiso. Entró con el mismo paso firme.
No traía odio.
Traía sentencia.
—He venido a bloquear oficialmente toda operación ligada a Sterling Capital México —anunció—, bajo autoridad del Fondo Azul y del comité de vigilancia financiera.
Omar conectó un dispositivo. Las pantallas cambiaron a un solo mensaje:
ACCESO RESTRINGIDO.
MOVIMIENTOS SUSPENDIDOS.
INVESTIGACIÓN EN CURSO.
Roberto se lanzó hacia ella, furioso.
—¡Esto es ilegal! ¿Qué quieres? ¡Dímelo de una vez! ¿Dinero? ¿Un puesto?
Amaranta lo miró directo a los ojos. Por primera vez, su voz bajó un tono, y por eso mismo se escuchó más fuerte.
—No quiero nada tuyo, Roberto. Vine a cerrarte la puerta… personalmente.
El Lic. Rentería deslizó un documento sobre la mesa.
—Para reanudar operaciones, Sterling debe cumplir una condición única.
Roberto tragó saliva.
—¿Cuál?
Amaranta dejó que el silencio lo obligara a escuchar.
—Tu salida inmediata. Sin indemnización. Sin acceso a cuentas, sistemas ni socios.
Elena Téllez bajó la mirada. Carlos Lemus asintió apenas. Uno tras otro, los que habían guardado silencio el lunes entendieron que el miedo a perderlo todo era más fuerte que su lealtad al hombre que los intimidaba.