La reportera había hecho su trabajo. Señaló que, mientras los Mitchell eran anfitriones, los documentos revelaban que la propiedad y los gastos habían sido mantenidos por "un familiar distanciado" que ya no mantenía el hogar.
Fue un gesto de educación, pero también de condena.
Mi teléfono se iluminó.
42 llamadas perdidas.
Papá. Mamá. Heather. Papá otra vez. Papá otra vez.
Me senté en mi balcón, contemplando el horizonte de Seattle brillar en el aire frío. Mi teléfono vibraba y vibraba, bailando sobre la mesa como un insecto furioso.
No lo toqué.
Bebí mi té.
Finalmente, el zumbido cesó. Apareció un icono de buzón de voz.
Lo jugué.
Era papá. Parecía borracho. Parecía aterrorizado.
“Están cancelando”, balbuceó. “La empresa de catering vio el artículo. Quieren los siete mil por adelantado o no vienen. Los vecinos… Bill, el de al lado, me preguntó si de verdad soy el dueño de la casa. Tienes que arreglar esto, Lauren. Tienes que llamarlos y decirles que fue un error. Por favor. No puedo… No puedo mirarlos a los ojos”.
Escuché el silencio al final de la grabación.
Podría arreglarlo. Podría transferir el dinero ahora mismo. Podría salvar su ego una última vez.
Borré el mensaje de voz.
Capítulo 7: El silencio después de la tormenta
Llegó el día de Navidad y pasó. Lo pasé solo, pidiendo comida tailandesa cara y viendo películas que me gustaban. Fueron las vacaciones más tranquilas de mi vida.
Dos días después, mi prima Jenna llamó a mi puerta.