Valentina salió furiosa. Esa noche llegó a Torre Ejecutiva a las 11, como había hecho cada tercer día. Café terrible para la señora. Diego ya la esperaba con dos vasos, el mejor café terrible de la ciudad. Se sentaron en su rincón habitual del lobby donde las cámaras no alcanzaban. Diego tenía su laptop abierta, cursos de administración en la pantalla. ¿Cómo va la clase? Complicada, pero Sofia me ayuda con la computadora. Podrías estudiar tiempo completo. Podría conseguirte una beca, Valentina.
Ya sé, ya sé. Nada de caridad. Exacto. Pero sonríó. Mejor cuéntame sobre la junta directiva de hoy. ¿Cómo sabes? Tienes arruga entre las cejas. Solo aparece cuando lidias con ellos. El hecho de que conociera sus gestos la desarmó. Quieren que sea un robot. Que no sienta que no se detuvo. Están molestos porque vengo aquí. Saben de mí, saben que visito el edificio. No saben por qué. Deberías dejar de venir. ¿Quieres que deje de venir? Diego tardó en responder.
No. Entonces el consejo puede irse al lenguaje. Soy padre de una niña impresionable, rieron. Era fácil reír con él. Hablando de Sofía, me pidió que te diera esto. Sacó un sobre decorado con calcomanías. ¿Qué es la invitación para el festival del día del padre en su escuela? Insiste en que vengas, Diego. No soy. Le dije que estarías ocupada. Valentina abrió el sobre. Sofía había escrito para ti vale. Porfa, ven. Papá necesita alguien que lo aplauda además de mí.
Es manipuladora. Aprendió de la mejor. Su madre era experta en conseguir lo que quería con una sonrisa. Cuéntame de ella. Era la primera vez que lo pedía. Diego cerró su laptop. Carmen era maestra de primaria. La conocí cuando fui a dar una plática sobre seguridad escolar. Me corrigió tres veces frente a todos sus alumnos. Me cae bien. Te hubiera caído mejor conociéndola. Era luz. Todo lo hacía brillar. Cuando se enfermó, intentó protegernos. Fingía que no le dolía.
¿Cuánto tiempo estuvo enferma? Dos años. Los últimos seis meses fueron Suó. Vendí todo, pedí prestado, hice turnos dobles. El día que murió estaba haciendo un turno extra para pagar el tratamiento que no funcionó. Valentina tomó su mano. Él no la retiró. No fue tu culpa. Lo sé, pero el saberlo no quita el dolor. Por eso estudias administración. Quiero darle a Sofía más opciones. No quiero que tenga que elegir entre estar con sus seres queridos y sobrevivir. Es un buen padre.
Hago lo que puedo. Apretó su mano antes de soltarla. Y tú, ¿por qué una mujer exitosa pasa sus noches con un guardia de seguridad? Porque el guardia de seguridad no quiere nada de mí. Eso no es verdad. El corazón de Valentina se aceleró. ¿Qué quieres? Quiero que dejes de castigarte por el fracaso de tu matrimonio. Quiero que veas lo que todos ven. Una mujer brillante que construyó un imperio. Quiero Se detuvo. ¿Qué? Nada que pueda pedir. El silencio se extendió cargado de palabras no dichas.
Iré al festival. No tienes que Quiero ir. Por Sofía. Por Sofía, repitió él, pero sus ojos decían otra cosa. El viernes del festival, Valentina llegó a la escuela pública en la Doctores. Su Mercedes desentonaba grotescamente entre los coches viejos y las motos. Viniste. Sofía corrió hacia ella, su uniforme escolar impecable a pesar de ser de segunda mano. No me lo perdería. Papá está allá. Está nervioso. Diego estaba con otros padres, su uniforme de seguridad reemplazado por la única camisa formal que tenía.