MILLONARIO LLEGÓ SIN AVISAR Y VIO A LA NIÑERA CON SUS HIJOS… LO QUE VIO LO HIZO ENAMORARSE…
Los feligreses presentes comenzaron a notar la escena. Susurros llenaron el espacio sagrado. “Sastián, ¿qué?” “Déjame hablar”, dijo él llegando hasta ellos. “Por favor. ” Valeria asintió, incapaz de encontrar palabras. Sebastián se arrodilló junto a ella en el reclinatorio, no frente a ella, sino a su lado. Los dos mirando hacia el altar. No sé rezar tan bonito como tú, comenzó él con voz ronca. Pero estos últimos días he estado practicando, hablándole a Dios como me enseñaste, pidiéndole claridad.
Y te respondió, “Sí, me dijo que dejara de ser cobarde.” Valeria soltó una risa entre las lágrimas. Durante tres años me escondí, continuó Sebastián. Me escondí detrás del trabajo, del dinero, de la excusa de que estaba proveyendo para mis hijos, pero la verdad es que tenía miedo de sentir, de fallar, de enfrentar mi propia humanidad. Sebastián, llegaste a mi vida y destruiste todas mis defensas. Me mostraste que había estado viviendo como fantasma, que el amor duele y es incómodo y aterrador.
Volteó a verla. Pero también me mostraste que vale la pena, que estar vivo de verdad significa arriesgarse a romperse. Las lágrimas corrían libremente por el rostro de Valeria. Ahora soy un hombre que olvidó cómo amar, un padre que abandonó emocionalmente a sus hijos, alguien que valoró las apariencias sobre la autenticidad. Tomó sus manos. No merezco tu amor. Probablemente nunca lo merezca, pero voy a pasar el resto de mi vida intentando ser digno de él. No puedo pedirte que renuncies a tu mundo.
No estoy renunciando a nada. Estoy ganándolo todo. Sebastián apretó sus manos. Mi madre está afuera. Vino a disculparse. Mis hijos están aquí rogándote que vuelvas. Y yo estoy de rodillas en esta iglesia frente a toda esta gente pidiéndote que me enseñes a seguir creciendo. ¿Qué estás diciendo? Te estoy pidiendo que te cases conmigo, que nos hagas una familia de verdad, que me enseñes a rezar cada noche por el resto de nuestras vidas. Su voz se quebró, porque sin ti todos estamos perdidos.
Valeria negó con la cabeza, pero estaba sonriendo. Tengo miedo. Miedo de no ser suficiente para tu mundo. Mi mundo no importa. Tú importas. Y cuando sea difícil, cuando la gente juzgue, cuando tus socios te cuestionen. Sebastián recordó algo que ella misma les había enseñado a los niños. Me dijiste una vez que la fe no se trata de creer que eres perfecto, se trata de creer que puede ser mejor. Le tocó el rostro con ternura. Tengo fe en nosotros, Valeria.