En segundos, el proceso se detuvo. Se llamó a los servicios de emergencia y a la policía, siguiendo el protocolo, ya que se trataba de un organismo certificado. Álvaro permaneció junto al ataúd, repitiendo que lo había visto, que no estaba loco, que no podía confundirse con nada más.
Minutos después, llegaron los paramédicos. Una de ellos, la Dra. Fernanda Luque, pidió que no se moviera nada hasta que se pudiera evaluar la situación. Con cuidado y rapidez, examinó el cuerpo de Clara y le colocó un estetoscopio en el abdomen. Su expresión pasó de la concentración a la sorpresa absoluta.
Hubo un latido. Un latido débil, pero real.
Álvaro sintió que el mundo se le venía encima justo cuando el equipo médico se preparaba para actuar. Sin embargo, lo que descubrirían al abrir el abdomen de Clara superaría por completo cualquier imaginación...
La Dra. Fernanda Luque ordenó el traslado inmediato del cuerpo de Clara a una sala del crematorio donde pudieran trabajar mientras esperaban una ambulancia equipada. La prioridad era única: intentar salvar a la bebé. El protocolo era complejo, pero cada segundo contaba.
Álvaro permaneció a un metro de distancia, apoyado por un policía que intentaba calmarlo. La situación era excepcional y requería precisión. Cuando la doctora consiguió el instrumental necesario, explicó con voz firme:
Clara está clínicamente fallecida, pero el bebé aún presenta actividad cardíaca. Intentaremos realizar una cesárea perimortem.
La frase dejó a todos congelados.
Mientras Fernanda trabajaba con otro médico recién llegado, comenzaron a abrir cuidadosamente el abdomen de Clara. Todo transcurrió en un tenso silencio, interrumpido únicamente por las instrucciones quirúrgicas. Cuando finalmente lograron acceder al útero, la doctora contuvo la respiración un segundo.
“Aquí está…” susurró.