Ava se quedó paralizada.
"Soy Ava", susurró. "¿Quién eres?"
Me llamo Lily... Por favor, ayúdenme. No puedo irme.
Su mundo se tambaleó. Charles Harrington, admirado, respetado, adorado, escondía a otra mujer en su propia casa.
Un matrimonio construido sobre las apariencias
Esa noche, Charles regresó tan encantador como siempre, sirviendo vino y preguntándole amablemente cómo le había ido el día.
Ava se obligó a sonreír mientras le temblaban las manos.
Ahora lo entendía: su matrimonio no era una sociedad. Era un escudo que él usaba para proteger un secreto que jamás quiso que nadie descubriera.
Un acto de cuidado al planificar una salida
Durante los días siguientes, Ava actuó como si nada hubiera cambiado. Asistía a cenas, escuchaba las historias de Charles y permanecía en silencio, pero su mente trabajaba sin parar.
Cada noche, susurraba a través de la puerta de Lily, recopilando lo que necesitaba saber. Lily llevaba años en una relación con Charles. Cuando intentó irse, él la mantuvo dentro de la mansión "por su seguridad", o eso decía.
Ava estudió las rutinas de los guardias, las cámaras de seguridad, los puntos ciegos. Esperó la más mínima oportunidad.
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