Aun así, hay algunas excepciones. Las personas alérgicas a los frutos secos deben evitar los anacardos por completo. Consumirlos en grandes cantidades puede causar hinchazón en personas con digestión sensible, y quienes son propensos a los cálculos renales podrían necesitar moderar su consumo debido a los oxalatos. Además, los anacardos crudos contienen una toxina, pero las versiones crudas que se venden en tiendas se procesan de forma segura.
En general, los anacardos no merecen su mala reputación. No provocan automáticamente aumento de peso ni elevan el colesterol, y la mayoría de los temores son exagerados. Para la persona promedio, disfrutar de un pequeño puñado de anacardos sin sal puede ser una forma sencilla y sabrosa de mantener una buena salud sin preocupaciones.