Una pared llena de recuerdos
Estaba cubierta por casi un centenar de fotografías. Todas eran de él. Él a los tres años en bicicleta. Él en su primer día de escuela. Él a los 15 con el uniforme del liceo. Él el día de su boda. Él acompañando a su madre al mercado. Él regresando de hacer las compras en el último verano. Todas tomadas desde arriba, desde la ventana de aquel octavo piso. Durante décadas, sin que él lo supiera.
Los policías le entregaron un sobre encontrado en la mesa de noche, junto con un testamento autenticado en 2019. El departamento le había sido legado a él.
La carta que lo explicaba todo.
En la carta, doña Ileana revelaba la verdad: era la madre de Mihai, el padre de Radu. Es decir, era su abuela paterna . Había tenido a Mihai a los 19 años, abandonada por el hombre con quien esperaba casarse, y expulsada por sus propios padres. Lo crió sola trabajando en dos empleos, hasta que a los 17 años el hijo se marchó de casa tras una fuerte discusión y cortó todo contacto.
En 1974, la fábrica donde ella trabajaba le asignó por sorteo un departamento en ese mismo edificio, sin saber que su hijo también vivía allí con su esposa. Cuando fue alo, Mihai le abrió la puerta y le pidió con dureza buscar que se retirara: «Señora, si me ve en la escalera, no me conoce» . Ileana, con 40 años y sin otro lugar donde ir, juró respetar esa decisión. Pero se quedó en el edificio.
Cuando Radu nació en 1989, ella tenía 55 años y observaba desde la ventana el momento en que su madre lo trajo de la maternidad. Desde ese instante, decidió que ese niño era suyo, aunque en silencio. Vio de lejos el funeral de su hijo en 2011, sin atreverse a bajar. Fotografió cada etapa de la vida de su nieto durante 37 años.