Fingí una sonrisa cortés y pasó a su lado, sin darme cuenta de la pequeña risa que soltó.
Sin embargo, eso fue sólo el comienzo.
Nancy era una experta en utilizar los insultos para hacerlos pasar por amabilidad.
¡Me encanta que sigas luciendo tu corte de pelo del instituto! No todo el mundo tiene la capacidad de transmitir nostalgia.
¿Sigues soltera, según tengo entendido? ¿No te sientes liberado? Sin expectativas, sin nadie con quien contarle.
Su voz era dulce y melosa, y sonreía radiante con cada comentario. Si reaccionara, me haría parecer la persona demasiado sensata. Una vez se inclinó hacia mí, en voz tan baja que nadie más pudo oírla, mientras la sala bullía de conversación.
En un susurro, "Sigue siendo la misma perdedora", dijo. "Es casi adorable".
Me tensé, apretando mi bebida con más fuerza. Ya no era la chica que se estremecía ante sus palabras.
Ella no había cambiado. Pero yo sí. Esta vez tampoco iba a salirse con la suya.
Esa noche, permanecí despierto, mirando al techo mientras mis pensamientos recreaban todas las crueldades de Nancy. Cada sonrisa falsa. Cada insulto murmurado. Siempre me había hecho sentir insignificante. Pensé en mi hermano, riendo con ella, completamente inconsciente de los años de tormento que me había hecho pasar.
Y entonces, como un rayo, grabé algo.
Primer año de preparatoria. Clase de biología. Nuestra profesora había traído mariposas vivas para una lección sobre metamorfosis. La mayoría estábamos fascinados viendo a los pequeños animales revolotear dentro de su recinto. ¿Pero Nancy? Gritó tan fuerte que el director vino corriendo.
Al principio, todos pensamos que bromeaba. Pero de repente, salió corriendo de la habitación, temblando y con el rostro pálido como un cadáver.
Ese fue el día en que todos supimos que Nancy tenía una fobia fuerte e irracional a las mariposas. Y algunas preocupaciones no desaparecen con la edad.
Al amanecer, tenía una estrategia maravillosa.