"Puede continuar", dijo el juez.
Thomas habló primero. Amor. Futuro. Confianza. Mentiras bien construidas.
Entonces fue mi turno.
Respiré hondo.
—Anoche —empecé— llegué a esta casa lleno de esperanza. Pensé que iba a formar una familia basada en el respeto y la verdad.
Los murmullos comenzaron de inmediato.
Thomas frunció el ceño.
—Pero oí algo diferente —continué—. Los oí hablar de mí como médium, no como persona.
Su madre se removió en su asiento. Su padre bajó la mirada.
—No estoy aquí hoy para pedir amor —dije—. Estoy aquí para reclamar mi dignidad.
Thomas intentó interrumpirme.
—Este no es el momento…
—Es el único momento —respondí con firmeza.
Saqué un sobre.
—Antes de venir, hablé con un abogado. El mismo que redactó el acuerdo prenupcial que su familia creía secreto.
El silencio fue absoluto.
—No firmaré nada —dije—. Y tampoco me casaré.