Encontré una memoria USB en una salchicha común y corriente: al principio pensé que había acabado accidentalmente en la comida, hasta que revisé su contenido.

 

 

El asco dio paso a la curiosidad.

Conecté la memoria USB a mi ordenador, sin saber muy bien qué esperar, y lo que vi me puso la piel de gallina. Solo había una carpeta, titulada «ÁBREME». Dentro, una sola imagen: la foto de un hombre mirando a la cámara y riéndose.

Dejé caer el ratón y me quedé allí sentado, mirando la pantalla, con un escalofrío recorriéndome la espalda. Quizá fuera una broma de mal gusto, pero ¿quién llegaría al extremo de esconder una memoria USB en comida?

Ahora estoy indeciso entre llamar a la policía para que investigue o simplemente dejarlo pasar e intentar olvidarlo. En cualquier caso, una cosa es segura: nunca volveré a ver las salchichas compradas en el supermercado de la misma manera.

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