Cállate. Si no fuera por tus ideas de bruja, nada de esto habría pasado. Tú me metiste en esta trampa. Valeria avanzó gritando. Tú también querías la fortuna, idiota. No finjas que eres inocente. Tú traicionaste a tu mujer, mataste a su padre, mataste a su ex. Ahora quieres echarme toda la culpa a mí. Mariela, incrédula, llevó la mano a la boca. Las confesiones salían como puñaladas. Cada palabra revelaba crímenes que jamás hubiera imaginado. Ricardo, impactado, no perdió tiempo, sacó el celular y llamó a la policía.
Aló. Tenemos una situación grave en el crematorio. Intentaron matar a un niño. Revivió dentro del ataúd. Dos sospechosos confesando crímenes ahora mismo. Vengan rápido. La bruja pelirroja intentó encender el coche, pero el motor no respondió. A cada intento frustrado, golpeaba el volante desesperada. No, no, esto no puede estar pasando. El padrastro, al ver que no podría huir por allí, salió corriendo a pie por el patio, pero Ricardo fue más rápido. Corrió tras él, lo agarró del brazo y lo tiró al suelo con fuerza.
No vas a ir a ninguna parte. Segundos después, las sirenas se acercaron. Una patrulla que ya rondaba la zona llegó rápidamente. Los policías bajaron del coche y apuntaron hacia los dos. Diego y Valeria fueron esposados mientras aún gritaban, intentando culparse mutuamente. Diego gritaba, “Fue ella. Ella lo inventó todo. Yo solo obedecía.” Valeria no se quedaba atrás. Mentira. Fue él quien quería la fortuna. Fue él quien mató al padre y al ex de Mariela. Yo solo obedecí por miedo.
Él me amenazaba. Las acusaciones se cruzaban en el aire como serpientes intentando devorarse. Mariela observaba la escena paralizada, aún aferrada a su hijo semiconsciente. Entonces rogó desesperada, “Por favor, lleven a mi hijo al hospital ahora. Él tiene que vivir. Ricardo ayudó a colocar a Enrique en el coche de la familia y corrieron hacia urgencias. En el hospital, Mariela explicó todo entre soyozos. Doctor, ellos envenenaron a mi hijo. Lo vi con mis propios ojos. Confesaron, “Por favor, sálvelo.” El médico examinó al niño e inmediatamente lo llevó a la UC.
Pasaron horas hasta que regresó con el semblante aún serio, pero aliviado. Fue un milagro que este niño sobreviviera. Descubrimos rastros de una sustancia rara. Solo puedo concluir que la dosis en el bombón fue tan alta que el organismo reaccionó intentando expulsarla y el hecho de que vomitara enseguida le salvó la vida. Si hubiera sido diferente, no estaría aquí. Mariela lloró de alivio, cayendo de rodillas y agradeciendo a Dios. Enrique, aunque frágil, empezaba a mostrar señales de mejora.