Lo que se puede hacer para proteger los riñones
La buena noticia es que la enfermedad renal detectada en sus estadios iniciales puede frenarse significativamente. El control de la hiperglucemia en los pacientes con nefropatía diabética y el control de la hipertensión en todos los casos hacen mucho más lento el deterioro de la función renal.
El control de la presión arterial es la intervención más poderosa disponible para frenar la proteinuria y preservar la función renal. Los medicamentos de la familia de los inhibidores de la ECA y los bloqueantes del receptor de angiotensina han demostrado reducir la proteinuria y retrasar la progresión de la enfermedad renal, con independencia de si el paciente tiene hipertensión o no.
Además, una dieta baja en sal, mantener un peso saludable, no fumar, evitar el uso excesivo de antiinflamatorios no esteroides —que son nefrotóxicos— y mantenerse bien hidratado son medidas que contribuyen de forma significativa a proteger la función renal a largo plazo.
La conclusión que más importa
Los riñones son órganos silenciosos. No duelen cuando se dañan. No avisan con fiebre ni con síntomas dramáticos. Pueden perder el 70% de su función antes de que la persona sienta algo que la haga ir al médico.
El daño renal es asintomático en pacientes con insuficiencia crónica temprana, pero puede sugerir proteinuria, hematuria o disminución del índice de filtrado glomerular. La evolución a insuficiencia renal crónica terminal puede detenerse o alargarse cuando el daño renal se detecta en estadios tempranos.
La espuma en la orina es una de las pocas señales visibles que el cuerpo envía cuando los riñones empiezan a fallar. Es discreta. Aparece y desaparece en segundos. Pero para quien sabe reconocerla y actúa a tiempo, puede ser la diferencia entre un diagnóstico temprano —cuando todavía es posible intervenir— y un diagnóstico tardío, cuando el daño ya es irreversible.
La próxima vez que aparezca esa espuma y no desaparezca rápidamente, y la próxima vez después de esa también, no la ignore. Mencionársela al médico en la próxima consulta cuesta exactamente cero esfuerzo. Y puede valer mucho más de lo que parece.