Yo levanté la mano suavemente y llamé a un mesero.
—¿Podría llamar al gerente, por favor?
Mis suegros se miraron entre sí, divertidos.
—¿Vas a quejarte del precio? —preguntó mi suegro—. Esto no es un café barato.
La verdad
El gerente salió de inmediato.
Al verme, se enderezó.
—Buenas noches, señora —dijo con una leve inclinación—. No sabía que venía hoy.
Mis suegros se quedaron congelados.
—¿Todo está bien? —preguntó mi suegra, incómoda.
Yo sonreí por primera vez en la noche.
—Perfecto —respondí—. Solo quería confirmar que mañana firmamos el contrato de expansión.
El silencio cayó como un telón.
—¿Expansión? —balbuceó mi suegro.
El gerente asintió.
—La dueña aprobó abrir dos nuevas sucursales el próximo trimestre.
Me miraron.
Ya no reían.