El tema de los límites también resulta central. En la adultez, los hijos buscan definir sus propias reglas y decisiones. Cuando intentan establecer ciertas fronteras —por ejemplo, evitar determinados temas de conversación— no lo hacen necesariamente para excluir, sino para preservar la armonía. Sin embargo, si esas solicitudes son desestimadas o minimizadas, el mensaje que reciben es que sus necesidades emocionales no tienen espacio. Con el tiempo, la forma más simple de evitar el conflicto puede ser tomar distancia.