Además, dependiendo de cómo haya sido criado el animal y del tipo de grasa utilizada, también puede contener pequeñas cantidades de vitaminas liposolubles.
Qué pasa en el cuerpo cuando se cocina con grasa de cerdo
Cuando la grasa de cerdo se usa con moderación dentro de una alimentación equilibrada, puede formar parte de una dieta completa sin necesidad de ser vista como un enemigo. Su impacto dependerá de varios factores: cantidad, frecuencia, calidad del producto, estado de salud de la persona y resto de alimentos consumidos en el día.
1. Puede aportar mayor saciedad
Las grasas tardan más en digerirse que los carbohidratos refinados, por lo que una comida que incluya una porción razonable de grasa suele generar más saciedad. Esto puede ayudar a reducir la ansiedad por comer a cada rato y disminuir el deseo de picar entre comidas.
En personas que desayunan o almuerzan solo alimentos ricos en harinas o azúcares, es común que el hambre vuelva rápido. En cambio, una comida más completa, con proteínas, vegetales y una fuente moderada de grasa, suele mantener la energía más estable durante más tiempo.
2. Puede hacer más estable la energía durante el día
Cuando una persona basa gran parte de su alimentación en azúcares y harinas refinadas, es habitual que experimente subidas y bajadas bruscas de energía. Esto ocurre porque la glucosa en sangre se eleva rápido y luego cae con la misma rapidez.
Las grasas, en cambio, se procesan más lentamente. Por eso, cuando forman parte de comidas balanceadas, ayudan a sostener una energía más pareja y a evitar esos bajones que suelen aparecer a media mañana o media tarde.
3. Puede ser una opción útil para cocinar a altas temperaturas
Uno de los puntos más destacados de la grasa de cerdo es su estabilidad al calor. Cuando ciertos aceites refinados se calientan demasiado, pueden degradarse y formar compuestos no deseables. En cambio, una grasa más estable puede resistir mejor la cocción intensa.