2. Cebollas
El refrigerador es un ambiente húmedo, y las cebollas absorben fácilmente esta humedad. Esto provoca que se ablanden, se echen a perder más rápido y favorece el crecimiento de microorganismos invisibles.
Además, el frío destruye algunos de sus antioxidantes naturales, que son esenciales para combatir la inflamación y proteger las células del envejecimiento.
Cómo almacenarlos correctamente:
En un lugar fresco y seco con buena circulación de aire, como una cesta o una bolsa de papel.
3. Tomates
Las bajas temperaturas retardaron los procesos naturales que permiten a los tomates conservar su sabor y nutrientes. La pulpa se vuelve harinosa, pierde firmeza y sus antioxidantes disminuyen, especialmente aquellos que protegen el corazón y el cerebro.
Los tomates fríos pueden parecer normales por fuera, pero por dentro han perdido gran parte de su valor nutricional.
Cómo almacenarlos correctamente:
A temperatura ambiente, lejos de la luz solar directa, preferiblemente con el tallo hacia arriba.