Dentro de estas situaciones existen dos tipos principales de ACV: el isquémico y el hemorrágico.
- El isquémico es el más frecuente. Se produce cuando una arteria se obstruye y la sangre no puede llegar a una zona del cerebro.
- El hemorrágico, en cambio, aparece cuando una arteria se rompe y genera un sangrado que daña las estructuras cercanas.
Ambos comparten varios factores de riesgo. La hipertensión arterial destaca como uno de los más determinantes, ya que una presión sanguínea elevada deteriora las paredes de las arterias y vuelve más probable que se tapen o se rompan. También influyen el tabaquismo, el envejecimiento natural de los vasos sanguíneos, los trastornos de coagulación, ciertos traumatismos, el colesterol elevado y el uso de algunos medicamentos que modifican la capacidad de coagulación de la sangre. Por eso, quienes presentan uno o varios de estos factores deben realizar controles médicos periódicos que permitan detectar problemas a tiempo.
¿Cuáles son los síntomas que requieren atención inmediata?
Reconocer las señales iniciales de un accidente cerebrovascular puede salvar una vida. Aunque el ACV puede manifestarse de muchas maneras, existen cinco síntomas que suelen aparecer de forma repentina y que nunca deben ignorarse:
